Siempre había admirado su sonrisa. Era una sonrisa que iluminaba cualquier habitación, que parecía borrar todas las preocupaciones del mundo.
Pero un día, al verla reír con tanta intensidad, algo en mí cambió y a la vez me lleno de curiosidad. Fue como un "deja vu" y en ese instante, comprendí que detrás de esa sonrisa radiante se podría esconder una historia de dolor, una cicatriz profunda que el tiempo no había logrado borrar por completo.
Me acerqué a ella con cautela, como quien se adentra en un bosque desconocido alerta sin saber que será lo que pasará. Y mientras compartía sus confidencias, descubrí un mundo de emociones que nunca antes había imaginado.
Me habló de amores perdidos, de sueños rotos, de heridas que creyó que nunca sanarían. Pero a medida que hablaba, su voz se llenaba de una fuerza que me sorprendía e influia de alguna forma en mi propia alma.
Fue entonces cuando entendí que su sonrisa no era solo una expresión de felicidad, sino una demostración de fuerza y valentía. Era la prueba de que había sobrevivido a las tormentas y ciclones de su propia vida y que había salido más fuerte de lo que incluso buscaba o pretendía.
Su sonrisa era un escudo que protegía su fragilidad, pero también una bandera que ondeaba al viento, anunciando al mundo que estaba viva y que seguiría adelante.
En ese momento, supe que había encontrado alguien especial. No solo una amiga más, sino una aliada, una compañera de viaje.
Y juntos, seguiríamos caminando hacia un futuro más brillante, ondeando nuestras cicatrices como medallas de honor, recordándonos siempre la fuerza que habita en nuestro interior es la que nos sacará adelante en cualquier situación.
Autor: ©Jose Luis Vaquero
#salfueradeti #reflexiones #poesia



