Puedes llamarlas como quieras: relaciones de pareja, de amistad, familiares, laborales... tan diversas y coloridas como el universo.
Con su propio tono, ritmo, personalidad e incluso color particular, cada interacción con otro ser humano es tan única como las huellas digitales. Es divertido comprender esto, pero a la vez desconcertante y, en ocasiones, aterrador, pues tendemos a encasillar y a tener expectativas muy marcadas sobre cómo deberían comportarse los amigos, la pareja, la familia o los compañeros de trabajo.
¡Decidido! A partir de este instante, cero expectativas sobre cómo debe ser cada quien, sin importar el grupo al que pertenezca.
Que cada encuentro con mi pareja (amigos, familia, compañeros de trabajo) sea nuevo. Cada mañana, descubrir quién es esta persona que durmió a mi lado, sorprenderme, aceptarla... Así evitaré tener un esquema rígido de cómo "debe ser".
Observar cómo es cada día y, si lo que presenta es agradable: ¡bingo! Y si no, conversarlo y analizar hasta que punto no se trata de un rasgo esencial de su personalidad -uno que acaba de emerger y que, definitivamente, no es negociable.
Tener claro que NO será exactamente como lo soñé en alguna ocasión, no ponerle carga tan pesada. Simplemente dejarle ser. Y, si me gusta, elegirlo de nuevo.
En definitiva, quiero eso para mi también: ser como quiero SER. Así me siento libre y plena. He comprobado que, cuando me manejo en ese estado, curiosamente soy mucho más creativa, alegre y dinámica. Cuando eso pasa me enamoro de mí misma, me disfruto, me divierto... y mi creatividad se potencia.
Este es el gran reto: descubrirme cada día y descubrir al otro. Veremos qué pasa.
Iniciar conscientemente esta nueva aventura -que aplicaré a todas mis relaciones-, me llena de la alegría. Desde ya deseo ver cómo me comportaré, y lo mejor de todo, cómo me sentiré.
Hasta la próxima.
Marisol
